AHRI-La Vastaya De Nueve Colas Season 8

Por moisesnetman @ 3 de April, 2018 | 160 visitas

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Hechizos de invocador

  • Brujería

    BRUJERÍA

    Habilidades potenciadas y área de efecto
  • Invocar a Aery

    Invocar a Aery

    Tus ataques y habilidades envían a Aery a un objetivo para dañar a los enemigos u otorgar un escudo a los aliados.
    Daño: 20-60 según el nivel (+0.10 de PH y +0.15 de DA adicional)
    Escudo: 30-80 según el nivel (+0.25 de PH y +0.40 de DA adicional).
    No se puede enviar a Aery de nuevo hasta que vuelva a ti.

    Invocar a Aery

  • Banda de maná

    Banda de maná

    Cada 60 s, recuperas el coste de maná o de energía de la siguiente habilidad que lances, además de un 8% del maná o de la energía que te falte.

    Banda de maná

  • Concentración absoluta

    Concentración absoluta

    Mientras estés por encima del 70% de vida, obtienes una bonificación adaptable de hasta 24 de daño de ataque o 40 de poder de habilidad. (según el nivel).

    Concentración absoluta

  • Piroláser

    Piroláser

    Tu siguiente habilidad prende fuego a los campeones e inflige 30-60 de daño mágico adicional (según el nivel) tras 1 s.
    Enfriamiento: 20 s.

    Piroláser

  • Precisión

    PRECISIÓN

    +18% de velocidad de ataque
  • Claridad mental

    Claridad mental

    Durante 5 s tras subir de nivel o conseguir un asesinato o asistencia, el maná que gastes se restaura por completo.

    Claridad mental

  • Golpe de gracia

    Golpe de gracia

    Infliges un 10% más de daño a los campeones que estén por debajo del 40% de vida.
    Además, los asesinatos o asistencias otorgan una bonificación adaptable de 9 de daño de ataque o de 15 de poder de habilidad. durante 10 s.

    Golpe de gracia

Orden de compra

Orden de habilidades

 
1   3   5   7   9                  
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lo que inporta wn ctm

ee gg izi
soy chile men
ee si kieren me entienden mis cosas y si no
ay artas paginas web en el mudo
con estas runas metes tu daño Ahri
y ademas ay que saver jugar con el canpion
y no es de tener maestria 7 con Ahri
es de que tengas un ekipo bueno que el jungla no fede y un adc pete
depende que te salgan ekipos buenos men
y ademas no por ver cualquier runa no vas a ganar eso depende de ti y tu ekipo y con esto me despido espero que les sirva mi consejo




att MOIESESnet






posdata los niños rata me dejaron en plata v

Introducción

Ahri conectada de forma innata con el poder latente de Runaterra, es una vastaya que puede modelar la magia en orbes de energía pura. Se divierte jugueteando con su presa y manipulando sus emociones, antes de devorar su esencia vital. A pesar de su naturaleza predadora, Ahri conserva cierta empatía al recibir destellos de los recuerdos de cada alma que consume.

Abandonada en los bosques nevados del norte de Jonia, Ahri no conoce a su familia original, solo conserva un recuerdo que le dejaron: un par de gemas idénticas. Se unió a la cacería matutina de una manada de zorros de hielo y, al poco tiempo, la adoptaron como una de ellos. Sin nadie que le enseñara la magia de su especie, Ahri aprendió instintivamente a atraerla del mundo que la rodeaba, modelando esferas destructivas y agilizando sus reflejos para acabar con su presa. Si estaba lo suficientemente cerca, podía calmar a un ciervo, de forma que permanecía sereno incluso cuando ella le clavaba los dientes en su carne.

Ahri se encontró con humanos por primera vez cuando una tropa de soldados extranjeros acamparon cerca de su guarida. Su comportamiento le pareció extraño y, con curiosidad de aprender más, los observó a la distancia. Se sentía particularmente atraída hacia un cazador que, a diferencia de sus inútiles compañeros, usaba todas las partes de los animales que había matado, lo que le recordó a su familia zorro.

Cuando este fue herido por una flecha, Ahri sintió cómo la vida del cazador se desvanecía. Instintivamente devoró la esencia que abandonaba su cuerpo y así obtuvo breves destellos de sus recuerdos: la amante que había perdido en la batalla, sus hijos en una extraña tierra de hierro y piedra. Ahri descubrió que podía llevar sus emociones del miedo, al dolor y a la alegría, así que lo cautivó con visiones de un atardecer en un prado mientras moría.

Eufórica con la adrenalina de haber absorbido la vida del cazador, Ahri se sintió más viva que nunca, y viajó por Jonia en búsqueda de más víctimas. Le gustaba juguetear con sus presas y alteraba sus emociones antes de devorar su esencia vital. Alternaba entre deslumbrarlas con visiones de belleza, alucinaciones de deseos profundos y, a veces, sueños con una pizca de tristeza pura.

Se embriagó de recuerdos que no le pertenecían, maravillada con las vidas de los demás. A través de visiones robadas, Ahri veía con sus propios ojos cómo sus víctimas juraban lealtad a un templo de sombras, ofrecían sacrificios a una deidad del sol encarnado, enfrentaban a una tribu aviar de vastaya que solo se comunicaba con cantos y vislumbraban paisajes montañosos que jamás había visto. Experimentó angustia y júbilo en seductores destellos que la dejaban ansiosa por más, y lloró ante las masacres que sufrieron los aldeanos jonianos en manos de los invasores noxianos.

Ahri se sorprendió cuando los recuerdos ajenos la llevaron a descubrir la historia de un demonio zorro sobrenatural. Conforme absorbía más esencia vital, se identificaba cada vez más con sus víctimas y se sentía culpable por terminar con tantas vidas. Temía que los mitos acerca de ella fueran realidad: no era más que un cruel monstruo. Pero cuando transcurría mucho tiempo entre sus ingestas, sentía su poder desvanecer y no podía más que volver a sus prácticas.

Ahri puso a prueba su autocontrol consumiendo pequeñas cantidades de esencia vital, lo suficiente para un recuerdo o dos, pero no para matar. Tuvo éxito durante un tiempo, pero el hambre sin fin era una tortura y pronto sucumbió ante la tentación, cediendo ante los sueños de una aldea costera entera.

Atormentada por su error, Ahri no podía perdonarse y sentía una profunda pena, que la llevó a cuestionar su propia existencia. Se retiró hacia las cuevas del bosque y se aisló con la esperanza de controlar su implacable deseo. Años después volvió a salir, determinada a experimentar todas las facetas de la vida con sus propios ojos. Aunque cada tanto se permitía absorber un poco de esencia, se resistía a consumir vidas enteras. Con el par de gemas como única pista de sus orígenes, Ahri salió en búsqueda de otros seres como ella. Ya no dependería de los recuerdos prestados ni de los sueños de desconocidos.

Introducción

el mercado olía a incienso quemado y col podrida.

Ahri envolvió sus nueve colas con su capa y jugueteó con sus piedras solares idénticas para distraerse del hedor, haciéndolas rodar entre los dedos y golpeándolas una con la otra. Las dos tenían la forma de una llama ardiente, pero estaban talladas de tal manera que sus bordes afilados encajaban, formando un orbe liso. Tenía las piedras doradas desde que podía recordar, pero desconocía su origen.

A pesar de que Ahri se encontraba en un entorno nuevo, se sentía reconfortada por la magia latente que zumbaba a su alrededor. Pasó por un puesto con docenas de canastillas tejidas, llenas hasta el borde de rocas lustradas, caparazones incrustados con leyendas de una tribu marítima, dados para apostar tallados en huesos y otros objetos curiosos. Nada se parecía al estilo de las piedras esculpidas de Ahri.

''¿Te gustaría una gema del mismo azul que los cielos?'', preguntó el comerciante de barba gris. ''Por ti, intercambiaría una bagatela cerúlea por el costo de una sola pluma de cuervo llorón, o tal vez una semilla de árbol jubji. Soy flexible''.

Ahri le sonrió, pero negó con la cabeza y continuó atravesando el mercado, con las piedras solares en las manos. Caminó por un puesto cubierto de vegetales anaranjados con púas, un niño vendiendo fruta que cambiaba de color según el tiempo y al menos tres vendedores ambulantes agitando recipientes de incienso, que afirmaban haber descubierto la forma más profunda de meditación.




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''¡Adivinaciones! ¡Venga a ver qué le depara el futuro!'', gritaba una joven mujer con ojos lavanda y mandíbula suave. ''Averigüe de quién se enamorará o cómo evitar la mala suerte con una pizca de raíz de bardana. O si prefiere encomendar su futuro a los dioses, contestaré preguntas de su pasado. Aunque le recomiendo que averigüe si corre el riesgo de morir por envenenamiento''.

Un vastaya alto con orejas de felino estaba a punto de morder un pastel especiado. Se detuvo y observó alarmado a la adivina.

''Por cierto, la respuesta es no. Para ti es gratis'', dijo la mujer, haciendo una reverencia hacia él, antes de dirigirse a Ahri. ''Ahora, usted aparenta haber tenido un oscuro y misterioso pasado. O al menos algunas historias dignas de contarse. ¿Alguna pregunta urgente que quiera hacerme, señorita?''

Debajo de capas espesas de incienso, Ahri notó el perfume a pelaje húmedo y cuero especiado proveniente del cuello de la mujer.

''Gracias, pero no'', contestó. ''Estoy mirando qué encuentro''.

''Me temo que no hallarás más piedras ymelo en este mercado'', dijo la mujer, asintiendo hacia las piedras solares de Ahri. ''Como las que posees''.

Ahri sintió un escalofrío en la nuca y se acercó a la mujer. No permitiría que la emoción se apoderara de ella. ''¿Las reconoce? ¿De dónde provienen?''

La mujer observó a Ahri.

''Son ymelos, según creo'', contestó la mujer. ''Nunca vi un par con mis propios ojos. Él talló solo unos cuantos en su tiempo y la mayoría de los juegos se perdieron en la guerra. Son bastante inusuales''.

Ahri se acercaba más con cada palabra.

''Por cierto, soy Hirin'', dijo la mujer.

''¿Sabe dónde podría encontrar a ese artesano?'', preguntó Ahri.

Hirin rio. ''No tengo idea. Pero si entras, te diré lo que sé''.

Ahri se ajustó la capa sobre los hombros y, ansiosa, siguió a la adivina, atravesando su puesto hacia una casa rodante decorada con pieles de animales.

''¿Té?'', preguntó Hirin. ''Lo preparé esta mañana''.

Sirvió dos tazas de un líquido color vino ciruela y tomó una para sí. El té sabía a corteza de roble amarga, encubierta por una porción empalagosa de miel. Hirin extendió la mano para tocar las piedras, pero Ahri las mantuvo con ella.

''Tengo la impresión de que estas son especiales para ti'', dijo la adivina con una sonrisa mordaz. ''No te preocupes, no me interesa vender piedras solares robadas. Es malo para la reputación de una mujer''.

''¿Puede decirme de dónde provienen?'', preguntó Ahri, entregándolas cautelosamente.

Hirin las sostuvo hacia la luz.

''Son hermosas'', dijo. ''No sé cómo encajan de forma tan perfecta. Nunca he visto algo así''.

Ahri permaneció en silencio. Estaba inmóvil por la curiosidad y no quitaba la vista de la mujer.

''La leyenda dice que el escultor conocido como Ymelo coleccionó huevos de lagarto fosilizados durante cientos y cientos de años que talló en formas complejas. Estos antiguos lagartos vivieron mucho antes de que el Mar Ghetu se convirtiera en un desierto y solo quedaran de ellos huesos petrificados y polvo''.

Hirin tosió y Ahri detectó una nota amarga en su aliento, como si hubiera estado bebiendo vinagre.

''Las piedras ymelo están diseñadas como pequeñas piezas que encajan en esculturas más grandes'', continuó.

La mujer balanceó las piezas doradas frente al rostro de Ahri.

''Así como tu pasado te dejó más preguntas que respuestas, estas piedras tal vez tengan más piezas que, combinadas, crean una nueva forma. Quién sabe en qué te convertirás cuando averigües tu historia. Con las piezas faltantes, tal vez descubras más de lo que te gustaría''.

''Esas son palabras encantadoras'', murmuró Ahri, observando a la mujer.

Tras un momento de silencio, Hirin soltó una risita. ''Algunos hilos de verdad, otros de mi propia invención. El tejido de una adivinadora debe ser impecable''.

La mujer extrajo un cuchillo de cazador de un gabinete.

''Tejo lo suficiente de lo que deseas para hacer que te quedes'', dijo la mujer. ''Hasta que el té relaja tus músculos, claro''.

Un gruñido escapó de los labios de Ahri. Destrozaría a esta mujer. Intentó abalanzársele encima, pero sus extremidades no respondieron. Estaba inmóvil en su lugar.

''Oh, no hay necesidad de eso. Solo necesito una cola. Es muy útil para una gran variedad de pociones, verás, y es extremadamente valiosa. O al menos eso creo. Nunca había visto a una vastaya con colas de zorro. El té paraliza cualquier dolor, así como tu... movilidad''.

Hirin envolvió con un vendaje una de las colas de Ahri. Ella intentó resistirse, pero no podía moverse.

''Despertarás mañana, ¡como nueva!'', dijo la mujer. ''Bueno, con una cola menos. ¿Realmente usas las nueve?''

Ahri cerró los ojos e invocó las reservas de magia que la rodeaban. El ambiente tenía bastantes para usar, pero estaba demasiado debilitada por el té para atraerlas. En lugar de eso, se adentró en la mente de Hirin, que era más maleable, y empujó.

Ahri abrió los ojos y clavó su mirada en la de Hirin. Los ojos de la adivina adquirieron un color más profundo.

''Hirin'', dijo la vastaya. ''Acércate. Quiero ver el rostro de quien me engañó''.

''Claro, señora mía'', contestó Hirin, embelesada. La voz de la mujer sonaba vacía, como si viniera del fondo de un pozo.

Se inclinó hasta que su rostro quedó a pocos centímetros de distancia. Ahri inhaló para atraer las esencias de la vida de la mujer, desde su aliento.

...Hirin era una niña pequeña escondida, hambrienta y atemorizada, debajo de un puesto del mercado. Dos hombres discutían por encima, la buscaban. No tenía más que cofres vacíos que mostrarles por sus días de trabajo...

Ahri continuó drenando la vida de Hirin, probando memorias de emociones puras. Eran enriquecedoras en la boca de Ahri, y disfrutaba el sabor único de cada emoción.

... Hirin predijo el futuro de un doctor hechicero envuelto en mantos y recibió un centavo por su trabajo. Utilizó esa moneda para comprar un pedazo de pan, que devoró en segundos...

... En una turbia taberna, un grupo ruidoso jugaba a las cartas. Un hombre con cejas similares a alas de mariposa apostó una piedra dorada ymelo, mientras Hirin observaba desde las sombras...

... Hirin siguió a Ahri desde que entró al mercado. Una de sus colas de zorro se había asomado por debajo de la capa. Atrajo a la vastaya hasta su remolque...

Suficiente.

Ahri se detuvo. La cabeza le daba vueltas con vigor renovado. Con cada memoria que había robado de Hirin, sentía que recuperaba rápidamente la energía de sus músculos debilitados, libres del veneno.

Fortalecida una vez más, agitó las extremidades con cuidado y flexionó las colas. Sintió cosquillas.

Hirin estaba con los ojos bien abiertos y aturdida, todavía viva. Sería ella quien despertaría mañana, como nueva, con algunas memorias menos que no extrañaría.

Ahora que conocía algo de la vida de la mujer, la ira de Ahri se había esfumado. Acarició apenas la mejilla de la adivina, después envolvió sus hombros con la capa y salió al soleado mercado.

Hirin no la recordaría a ella ni a su encuentro. Pero Ahri dejó el mercado con un nombre que buscar, Ymelo, y la imagen del hombre con cejas en forma de ala quedó grabada en su mente.




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